Por Gema Garcia
En la ciudad de Manta se evidencia un creciente impacto de las redes sociales en el bienestar emocional y la seguridad digital de los adolescentes. A pesar de que estas plataformas han transformado la comunicación global y ofrecen múltiples beneficios, también han generado consecuencias negativas, especialmente en los jóvenes, como la adicción, la ansiedad y otros trastornos psicológicos.
Este fenómeno ha comenzado a influir directamente en su salud mental, sus relaciones sociales y su desarrollo personal. El uso intensivo de redes como Instagram, TikTok, Facebook y WhatsApp revela una necesidad urgente de establecer medidas preventivas y educativas que fomenten un uso responsable y consciente de estas herramientas digitales, con el fin de proteger y fortalecer las habilidades sociales de los adolescentes mantenses.
¿A quiénes afectan las redes sociales?
Jesús Larreategui compartió su experiencia sobre cómo las redes sociales lo llevaron a atravesar una profunda depresión y a perder el interés en su vida cotidiana. “Al principio pensé que eran una forma divertida de conectar con mis amigos y compartir lo que hacía”, relató el joven con una mirada introspectiva.
Con el tiempo, comenzó a obsesionarse con la cantidad de ‘me gusta,’ y comentarios que recibía en sus publicaciones. “Me sentía ansioso y deprimido, empecé a compararme constantemente con los demás. Sentía que no era lo suficientemente bueno, exitoso o interesante”, confesó.
Lo que parecía ser una herramienta para la conexión social se transformó en una fuente constante de presión y autocrítica. Su testimonio evidencia los efectos emocionales que pueden desencadenar las redes sociales en la vida de los adolescentes cuando no se usan con conciencia y equilibrio.

En la vida del adolescente, la adicción a las redes sociales comenzó a tener un impacto profundo en diversas áreas. Dejó de salir con sus amigos, abandonó sus clases y descuidó su trabajo. Aunque pasaba gran parte del tiempo conectado y rodeado de personas en línea, se sentía cada vez más solo y aislado.
Esa desconexión con la realidad lo llevó a tomar conciencia de su situación. Finalmente, decidió buscar ayuda profesional y desde entonces ha estado trabajando activamente para superar su adicción, con el objetivo de recuperar su bienestar emocional y retomar su vida cotidiana.
Permitir no siempre es proteger: la historia de Jessenia y su hija
Otro caso como es el de, Jessenia Cevallos quién pensaba que el uso de redes sociales era algo inofensivo para su hija, Valentina M. Tenía apenas 12 años cuando le pidió permiso para crear una cuenta en TikTok. La niña la convenció diciéndole que todas sus compañeras del colegio ya tenían una, y que no quería sentirse excluida. Jessenia aceptó, sin imaginar lo que vendría después.
Semanas más tarde, comenzaron a notarse cambios en la conducta de Valentina. Se volvió rebelde, dejó de colaborar en casa, descuidó sus tareas escolares y pasaba horas frente al celular, encerrada en su habitación. Empezó a compararse con otras niñas en redes sociales y, con el tiempo, comenzó a usar ropa más corta, argumentando que lo hacía para verse bonita. Fue entonces cuando las publicaciones de su hija dejaron de agradarle, por lo que decidió quitarles el acceso a las redes sociales. “Como madre, y a modo de consejo para otras madres, les recomiendo tener cuidado con el tipo de amistades que rodean a sus hijos, y mantener el control sobre el uso de las redes sociales. A veces, quienes parecen inofensivos se disfrazan de lobos con la intención de hacerles daño”, afirmó Cevallos, madre de Valentina M.
Redes sociales y acoso
El acoso virtual se ha convertido en un problema alarmante que afecta a muchos jóvenes. Un estudio realizado por la Universidad de Córdoba, en colaboración con la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, señala que cerca del 10% de los estudiantes adolescentes han sido víctimas de ciberacoso, es decir, uno de cada diez. Link aquí
WhatsApp, TikTok y Facebook son las redes sociales más utilizadas por los estudiantes de entre 12 y 18 años, según un estudio de la Fundación ChildFund, Unicef y el Ministerio de Educación sobre el uso de redes sociales en Ecuador.
La investigación, en la que participaron 20.376 estudiantes de todo el país, detalla que 4 de cada 10 alumnos han enfrentado riesgos en Internet como ciberacoso, hacking o la publicación de su información privada. «Los adolescentes de 12 a 14 años enfrentan más riesgos de retos virales.
Mientras que los estudiantes de 15 a 18 años se ven más afectados por el grooming (acoso sexual de una persona adulta a un niño por medio de Internet)», ratificó el estudio.
Ten cuidado con el robo de identidad en redes sociales
Britanie Zambrano, una estudiante de 15 años del colegio Manta, relató su experiencia con el ciberacoso. Al principio, disfrutaba mucho usar Facebook y TikTok: compartía fotos, videos graciosos y conversaba con sus amigas del colegio. Sin embargo, todo cambió cuando comenzó a recibir mensajes ofensivos desde una cuenta falsa. En un inicio, los ignoró, pero luego empezaron a amenazarla, publicaron información falsa sobre ella e incluso editaron una foto suya para burlarse en un grupo grande donde estaban otros compañeros.
Zambrano confesó que sentía miedo de ir al colegio, pues pensaba que todos hablaban de ella. Decidió dejar de usar el celular por algunos días, pero al regresar, la situación era aún peor. Este episodio la afectó profundamente en el plano emocional: no podía dormir, lloraba sin razón y no quería hablar con nadie, ni siquiera con su familia.
Finalmente, cuando le contó lo sucedido a su madre, está la ayudó a denunciar la cuenta y a hablar con el director del colegio. Aunque fue un proceso difícil, Britanie logró superar la situación. Hoy en día es más consciente de los peligros que existen en las redes sociales y, si ve
que alguien más atraviesa una experiencia similar, procura brindarle su apoyo. “Nadie debería sentirse así por culpa del ciberacoso”, expresó la joven.
Un problema en aumento
En la ciudad de Manta, cada vez es más evidente cómo el uso excesivo de redes sociales impacta en la salud emocional de los adolescentes. El uso responsable de las redes sociales y las nuevas tecnologías de la información fue el eje central de una velada organizada este jueves, 11 de julio de 2019, por el Ministerio de Educación, en el auditorio de la Universidad Laica Eloy Alfaro, en Manta. Tania Guillén, coordinadora de Educación en la Zona 4, resaltó “la importancia de saber manejar las redes sociales e hizo un llamado a la comunidad, especialmente a los adolescentes, para que aproveche positivamente las diversas herramientas tecnológicas”.
“Lo malo es cuando no la usamos de manera correcta, los jóvenes necesitamos mayor educación en el uso de la tecnología”, puntualizó Emily Ulloa, estudiante de la Unidad Educativa “Stella Maris”.
El encuentro obedece a la tercera jornada ‘Escuelas que me inspiran’ organizada por el Ministerio de Educación. Además, participaron representantes de empresas privadas y estudiantes de centros educativos de la ciudad manabita.

El impacto en la autoestima y la imagen corporal
En el caso de los adolescentes de Manta, el uso constante de redes sociales se ha convertido en un factor que impacta directamente en su autoestima y salud emocional. De acuerdo con observaciones locales y respaldos como el informe de la Royal Society for Public Health, plataformas como Instagram o TikTok fomentan una presión constante por mantener una imagen perfecta. Esta necesidad de mostrarse bien ante los demás y la comparación con influencers o amigos que aparentan tener “vidas ideales”, generan inseguridad y una percepción negativa de uno mismo entre los jóvenes mantenses. Además, situaciones de acoso virtual, que se presentan cada vez con más frecuencia en colegios de la ciudad, pueden tener efectos devastadores. Tal como lo advirtieron Slonje y Smith, este tipo de violencia digital no solo afecta emocionalmente, sino que puede provocar consecuencias psicológicas graves como ansiedad, depresión e incluso pensamientos suicidas, lo cual ya empieza a preocupar a docentes y profesionales de la salud mental en la región.
Ciberacoso un problema grave
El ciberacoso es una preocupación creciente en Manta. Según una publicación del diario El Comercio, el 82% de los casos de ciberacoso en la región se originan en redes sociales. Un caso destacado involucró a una adolescente de 13 años de Montecristi, quien fue víctima de acoso en línea tras interactuar con un desconocido en Facebook. Estos incidentes resaltan la necesidad de una mayor educación y supervisión en el uso de plataformas digitales por parte de los jóvenes.

Influencia en la convivencia familiar
El uso excesivo de redes sociales también afecta la dinámica familiar. Durante la pandemia de COVID-19, se observó un aumento en el tiempo que los adolescentes pasaban en línea, lo que
redujo la interacción con sus familias. Un estudio en el barrio La Pradera de Manta indicó que el 76% de las familias encuestadas consideraron que las redes sociales perjudicaron la convivencia familiar, principalmente porque los adolescentes pasaban más tiempo en línea y menos interactuando con sus familiares.
Sedentarismo y salud física
El tiempo excesivo frente a las pantallas también contribuye al sedentarismo entre los adolescentes. Un artículo publicado por el diario español El País señala que el abuso de pantallas y la falta de espacios recreativos en entornos urbanos han llevado a un aumento del sedentarismo en adolescentes, afectando su salud física y mental. El sedentarismo se relaciona con síntomas de ansiedad y depresión, además de la prevalencia de sobrepeso y obesidad.
Tanto en el hogar como en las aulas, los adultos responsables tienen un papel clave en guiar el uso correcto de las plataformas digitales. Según la American Academy of Pediatrics, los padres deben involucrarse activamente en las actividades en línea de sus hijos, estableciendo límites y reglas claras.
Señales de alerta en el uso de redes sociales
La neuropsicóloga Salomé Paredes transmite serenidad, atención y reflexión a través de su lenguaje corporal. Con las manos entrelazadas sobre la mesa y una postura abierta al diálogo, destaca la importancia de observar el comportamiento de los adolescentes como una herramienta clave para prevenir problemas asociados al uso excesivo de las redes sociales.
Paredes enfatiza que los padres deben ser los primeros en identificar cambios en la conducta de sus hijos. “Es fundamental que los adultos estén atentos a las señales, ya que muchas veces el mal uso de la tecnología puede reflejarse en el estado emocional y social de los adolescentes”, señala con postura erguida la especialista.
Recomienda también reducir el uso del celular de manera gradual, promoviendo así hábitos más saludables en el entorno digital.
Según la especialista, esta transición paulatina permite a los jóvenes mantener el acceso a la tecnología sin que esta afecte negativamente su desarrollo. “Al trabajar juntos, podemos crear un futuro más seguro y responsable para los adolescentes en línea. Un futuro en el que puedan aprovechar los beneficios de las redes sociales sin sufrir sus riesgos y consecuencias negativas, un futuro en el que los adolescentes puedan crecer y desarrollarse de manera saludable y positiva, tanto en línea como fuera de ella”, aseguró con firmeza Paredes, manteniendo su actitud serena y reflexiva.

En las redes sociales se navega en un mar digital que requiere capitán, brújula y faros
En la vastedad del océano digital, millones de adolescentes surcan cada día las aguas de las redes sociales. Este mar, lleno de islas de oportunidades, pero también de tormentas inesperadas, necesita de una navegación cuidadosa. Y como todo buen barco, las plataformas sociales deben contar con timón, reglas y vigilantes en el faro. La regulación y supervisión no son cadenas que restringen, sino brújulas que orientan. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, las redes sociales deben asumir la responsabilidad de proteger a sus tripulantes. Sin velas que filtren el viento de la desinformación y sin timoneles que desvíen las corrientes del ciberacoso, la travesía puede volverse peligrosa. Las plataformas, pues, no solo son anfitrionas si no también son guardianas del viaje.
Estrategias como salvavidas
Cuando el oleaje amenaza con volcar la estabilidad emocional de los jóvenes navegantes, hay salvavidas que pueden evitar naufragios. Algunas acciones efectivas para mantenerse a flote incluyen: Establecer límites de tiempo en la navegación diaria, anclar la autoestima y el amor propio como flotadores internos, aprender las señales del clima digital para evitar tormentas: educación sobre seguridad en línea y prevención del acoso, hablar abiertamente con la tripulación: compartir experiencias en línea sin miedo ni juicio, usar las redes como veleros de conexión auténtica, no como barcos fantasmas de apariencia vacía.
Para quienes comienzan a tomar el timón de sus propias vidas digitales: Reconocer que el mar digital tiene arrecifes: saber identificar los riesgos, definir horarios razonables de navegación, respetar a otros navegantes en este océano compartido, acudir al faro adulto cuando las aguas se vuelvan turbias.
Rol para padres y educadores
Ningún barco joven debe navegar solo. Los padres y educadores son los faros que iluminan el camino desde la costa y los capitanes que acompañan en las primeras travesías. Sus responsabilidades son claras: estar presentes en el viaje digital de los adolescentes, proveer mapas: recursos educativos para un uso seguro de internet, crear puertos seguros de confianza donde se pueda hablar sin temor, establecer reglas como coordenadas claras y coherentes, consultar con expertos cuando las aguas se enturbian o el barco comienza a perder rumbo.
Como destaca la neuropsicóloga Salomé Paredes, las redes sociales han transformado la forma en que los adolescentes se relacionan, pero también han traído consigo importantes desafíos. Problemas como la adicción, el acoso en línea y la baja autoestima exigen atención inmediata.
La clave está en la educación, la prevención y el acompañamiento constante. Si logramos que los adolescentes, padres y educadores trabajen en conjunto, será posible construir un entorno digital más saludable y seguro.
Es crucial reflexionar: ¿Estamos usando las redes sociales de manera consciente? ¿Estamos cuidando la salud mental de nuestros adolescentes? Solo respondiendo con sinceridad y actuando en consecuencia, podremos construir un futuro donde los jóvenes puedan disfrutar de los beneficios del mundo digital sin poner en riesgo su bienestar.




