Por: Michelle López
Un laberinto sin mapa
El vertiginoso salto hacia la digitalización obligó a los adultos mayores en Ecuador a caminar descalzos por la red. Según datos de la Fiscalía General del Estado, este fenómeno se traduce en una cacería planificada, el 60% de los ataques de phishing en el territorio nacional se dirigen de manera sistemática hacia esta población. Este desamparo institucional desató una silenciosa ola de saqueos que fractura por completo la narrativa oficial del progreso informático en el país.
El enganche digital
Durante décadas, la seguridad de la tercera edad se apoyó en el refugio de las agencias físicas y la calidez del trato humano, el cobro de la jubilación o el ahorro mensual, las firmas en papel y el dinero contante, el sonido de las monedas. Sin embargo, la metamorfosis tecnológica dejó ese escenario tradicional, aunque los adultos mayores se resisten a abandonar las ventanillas, este cambio los arrojó a un ecosistema de pantallas indescifrables sin un mapa de guía.
La delincuencia callejera sufrió su propia transformación dejando de lado el asalto físico para poder camuflarse en el anonimato de la red. Las mafias perfeccionaron el arte de clonar portales webs mejorando trampas invisibles como las llamadas falsas o mensajes de texto referentes a estadas.
Este ataque tomó por sorpresa a una población vulnerable que pasó de proteger su billetera en el bolsillo a tener que resguardar sus datos dentro de una selva donde cada enlace es una trampa oculta.
Ladrones fantasmas
El desamparo sistemático desata una ola de saqueo que fractura por completo la narrativa del progreso informático del país. Las estadísticas de la Fiscalía general del Estado revelan que el 60% de los ataques de phishing en el territorio nacional.
Las cifras desnudan una realidad, no solo el descuido de los usuarios, se trata de una cacería planificada, las aplicaciones de los bancos se diseñan bajo la lógica de pantallas modernas que terminan excluyendo a los más grandes. Sus opciones y logotipos cambian a cada rato por competencia comercial ignorando por completo el desgaste físico que llega con los años, como la pérdida de la vista o la falta de agilidad. Al final, las empresas asumen que todo el mundo tiene una intuición digital que, lamentablemente, la vejez no posee.
El Código Orgánico Integral Penal COIP artículo 232 tipifica estos atropellos informáticos, la justicia tradicional camina a paso de tortuga, mientras que las leyes intentar descifrar el funcionamiento de la nube, las mafias actúan en un abrir y cerrar de ojos, confinando a las víctimas a un calvario de impunidad y olvido legal
Generado por IA

Cicatrices en el alma
Detrás del frío porcentaje respiran rostros humanos atrapados Arnulfo Anchundia, mecánico de 65 años afincado en Montecristi experimentó en carne propia el fraude virtual. “Un mensaje helado sentenció que mi cuenta colapsaba, el pánico dominó y presioné”, relata con la voz quebrada por el peso del recuerdo. En apenas un suspiro de 3 minutos los ahorros que sembró durante 3 años para poder salvar una deuda, se evaporaron consumiendo el esfuerzo que tanto me había costado.

El impacto del golpe criminal trasciende a una herida económica, perfora la salud mental y calcina la dignidad de los abuelos, tras el engaño, el aislamiento y depresión sepultan la autonomía, quienes se percibe a sí mismo como un náufrago inútil que ya no encaja en los engranajes de la modernidad. Frente a este dolor, la resistencia germina en el hogar.
Jóvenes como Angelica Paredes se denominan como los nuevos «alfabetizadores digitales» de sus familias. La salvación no radica en clausurarles las pantallas, sino en crear un escudo familiar de paciencia. Para blindar sus días, urge adiestrarlos en desconfiar de las falsas alarmas, de los enlaces infectados y recordar que las bóvedas bancarias jamás exigen contraseñas a través de la mensajería instantánea.

El adulto mayor en Manta o Montecristi no solo desconoce cómo usar la aplicación móvil, sino que ha sido condicionado a creer que «la tecnología es para jóvenes». Al aceptar esta narrativa, ceden su soberanía financiera voluntariamente. La banca, al eliminar cajeros humanos y cerrar ventanillas físicas, no solo está automatizando procesos.
Finalmente, existe un componente de vergüenza institucional. Al acudir a una entidad bancaria para reportar un movimiento extraño, el adulto mayor suele ser revictimizado por un sistema que le cuestiona por qué entregó sus claves. Esta falta de protocolos de atención con enfoque genera un retiro silencioso: prefiere perder sus ahorros antes que admitir ante un extraño que fue traicionado por su propia sangre o que fue incapaz de navegar por una pantalla táctil.
Alfabetizar para proteger
Las corporaciones bancarias están redactadas por y para profesionales del área tecnológica, no para una abuela que desea utilizar una aplicación para comunicarse con sus nietos en el extranjero.
Los reportes globales emitidos por la Organización de los Estados Americanos (OEA) señala que los países latinoamericanos carecen por completo de estrategias nacionales de alfabetización digital preventiva que estén enfocadas verdaderamente en la longevidad y la inclusión real.
Organizaciones no gubernamentales e iniciativas académicas locales intentan, con recursos muy limitados, tapar estos baches institucionales.
Diversas propuestas comunitarias buscan entrenar a los jóvenes de los colegios y universidades para que actúen de forma activa como alfabetizadores digitales, en sus propios hogares transformando el conocimiento técnico en algo valioso, un puente de cuidado mutuo.





