Por David Quizhpe
En distintos sectores de Manta, la inseguridad se ha convertido en una realidad que golpea diariamente a ciudadanos y comerciantes. Durante los recorridos realizados, se evidenció el temor con el que muchas personas viven, negocios que cierran más temprano, calles cada vez más vacías a cortas horas de la noche y constantes relatos de robos, amenazas y ataques armados que mantienen preocupada a la población son algunos de los hechos que se han evidenciado en los últimos cuatro años.

Manta y sus calles se han convertido en escenario constante de hechos delictivos lo que mantiene en alerta a la ciudadanía. Robos, actos delictivos y ataques armados registrados en sus distintos sectores de la ciudad han incrementado la preocupación de comerciantes y habitantes quienes aseguran vivir un temor constante ante la creciente ola de violencia.
La inseguridad en Manta se ha convertido en una herida abierta que afecta a todos los sectores de la ciudad. Cada día, las múltiples noticias sobre robos, asaltos, extorsiones o ataques armados parecen multiplicarse como fuertes olas que golpean contra las grandes rocas de su puerto. El miedo se ha convertido en algo casi normal y cotidiano en la vida de quienes habitan sus barrios, miles de ciudadanos salen de sus casas con la incertidumbre y la preocupación de no saber si regresaran tranquilos.
Reconocida durante años por su actividad pesquera, comercial y turística, hoy en día Manta vive una realidad marcada por la inseguridad. Lo que antes era visto como una ciudad de constante movimiento y crecimiento económico, ahora también es relacionado con hechos violentos que han cambiado la tranquilidad de sus barrios y la rutina diaria de miles de ciudadanos.
Las calles de la ciudad, que anteriormente era normal escuchar música y tener conversaciones entre familia y amigos, ahora parecen desoladas. En varios sectores, los negocios bajan sus puertas metálicas más temprano de lo habitual. El sonido de una motocicleta acercándose rápidamente puede provocar nerviosismo entre quienes caminan por las veredas. La inseguridad ha transformado el ambiente de la ciudad, como si una nube gris hubiera cubierto poco a poco la vida cotidiana.
Los señores comerciantes son en cierta parte los más afectados. Muchos de ellos aseguran que trabajar se ha convertido en un acto de valentía. Algunos han sido víctimas de robos, otros viven bajo amenazas o en el peor de los casos hay quienes viven con la preocupación de extorciones, argumentan que ellos quieren trabajar para sí mismos, no para alguien que se llene sus bolsillos con el esfuerzo y sufrimiento de otros. Para ellos, abrir un negocio ya no solo significa vender productos, sino también enfrentar el miedo constante.
“Antes se podía trabajar tranquilo hasta la noche. Saludando a todos como hermanos ahora da miedo saludar a alguien y que esa persona sea alguien que es mejor tenerlo lejos”, comenta Lucía Verónica comerciante y propietaria de una pequeña, pero muy surtida tiendita de barrio ubicada en el Jocay.
La situación ha provocado cambios drásticos en la forma en que las personas se relacionan. Hay barrios donde los vecinos ya no permanecen conversando afuera de sus casas como ocurría años atrás. Las calles vacías durante ciertas horas reflejan el impacto psicológico que la violencia ha dejado en la ciudadanía.
Mientas las cálidas luces ambientan las calles como si de una película de terror se tratara y el viento resopla con fuerza hay quienes luchan por la seguridad arriesgando la de ellos, asi declaró Wilson Omar sargento de las Fuerzas Armadas, “el país cuida y protege mejor a sus criminales que a sus militares y policías”, exclamo Wilson.
El miedo que se esconde en cada esquina
La inseguridad no solo roba pertenencias materiales, también roba tranquilidad. Ese es uno de los aspectos más dolorosos que sienten muchos ciudadanos. El miedo se ha convertido en pan de cada día y en un pasajero más que los acompaña en buses, mercados y avenidas.

Caminar con pertenencias en la mano se ha convertido en un riesgo. Esperar el transporte público urbano durante la noche trae preocupación a jóvenes estudiantes de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, Miller Parraga, estudiante de sexto semestre en la carrera de medicina, cito que uno de los métodos que el utiliza es esperar que sean las 8:45h PM para salir corriendo de la universidad y poder alcanzar la línea 17 con destino hacia El Palmar, Incluso acciones simples, como regresar del trabajo o ir a una tienda cercana, pueden despertar preocupación.
“Uno vive mirando hacia todos lados. Si escucha una moto acercarse, enseguida piensa que le van a robar o en el peor de los casos asesinar”, Danna Bailón estudiante universitaria que diariamente debe movilizarse desde Urbirrios 2 hasta la Uleam.
Muchos ciudadanos comparan la situación actual con la tranquilidad que se vivía años atrás. Algunos relatan que antes podían caminar de noche sin preocupación o dejar las puertas abiertas mientras conversaban con vecinos. Hoy, la realidad es distinta. Rejas, cámaras de seguridad y chapas reforzadas forman parte de las medidas de seguridad que han tomado para combatir esta guerra.
Las familias también han cambiado su forma de vivir por temor a convertirse en víctimas de la delincuencia. Hoy en día es normal que padres y madres prefieran que sus hijos regresen temprano a casa… O algunos evitan asistir a reuniones nocturnas y en determinados casos caminar solos por varios sectores.
Trabajar entre el miedo y la necesidad
El comercio es uno de los más grandes motores económicos de Manta. Sin embargo, muchos negocios atraviesan momentos difíciles debido a la inseguridad. Los propietarios de tiendas, restaurantes y pequeños locales aseguran que las ventas han disminuido porque las personas evitan salir por miedo a que les ocurra algo.

“Tenemos miedo que llegue alguien con una carta de extorsión”, Alejandra Olvera, trabajadora de la imprenta, Unilibro, exclamó, trabajamos con puertas cerradas, cámaras y rejas reforzadas por el miedo de sufrir un asalto en el local, advirtió que al ser una empresa distribuidora de libros para colegios y escuelas manejan grandes sumas de dinero y su método de seguridad es cada tres días realizar una llamada a su jefe y que él se acerque a retirar el efectivo.
El mercados y zonas comerciales donde hay mayor flujo de compradores, varios locales ya cuentan con cámaras, alarmas o guardias privados para intentar protegerse. Otros simplemente dependen de la suerte.
“Cada día abrimos nuestro negocio con temor, trabajamos porque necesitamos mantener a nuestra familia, pero nunca sabemos si vamos a sufrir algún tipo de robo”,Jenny López, vendedora de ropa en Nuevo Tarqui desde hace 5 años atrás, asegura que las cosas han cambiado para mal, “antes podíamos confiar en nuestros clientes, ahora nos quieren ver la cara con los famosos billetes G5”.
La comparación entre el pasado y el presente para muchos es algo inevitable. Antes, los comerciantes describían a Manta y a su comercio como una ciudad próspera y alegre. Hoy, algunos sienten que la delincuencia ha ido apagando poco a poco ese ambiente lleno de valores y empatía
La delincuencia no solo impacta económicamente también rompe sueños. Algunos emprendedores afirman haber pensado en cerrar sus locales o emigrar a otras ciudades buscando un mejor sueño, o una mejor oportunidad.
La lucha que no tiene fin
Diariamente la Policía Nacional y su grupo GOM realizan patrullaje constante en zonas de alto impacto para poder calmar la guerra que día tras día se incrementa, Gerardo Nieto comandante de la Policía argumento que el trabajo que realizan diariamente en las calles ha mejora la tranquilidad en ciertas zonas de mayor riesgo, como lo son Las Jacuatas, 20 de Mayo, Jocay, Urbirrios 1 y 2…
La labor policial muchas veces se desarrolla bajo presión, los agentes enfrentan situaciones de riesgo y deben actuar rápidamente ante emergencias. Patrullar calles donde existe alta presencia delictiva implica una responsabilidad enorme.
Sin embargo, hay quienes consideran que aún falta mayor presencia policial en ciertos sectores. Hay quienes aseguran sentirse desprotegidos durante la noche…
La comparación entre la Policía y un escudo resulta apropiada, los uniformados intentan contener una ola de violencia que parece crecer contantemente. Aunque realizan esfuerzos, muchos habitantes sienten que el problema continúa avanzando.
El hueco entre la violencia y la falta de oportunidad
Uno de los motivos más preocupantes relacionados con la inseguridad es la situación de muchos jóvenes, en algunos barrios, crecen rodeados de violencia, desempleo y falta de oportunidades.
Esto no solo incrementa la inseguridad, también preocupa a los padres y madres de familia porque las dichosas mafias ofrecen demasiada cantidad de dinero lo que ha motivado a cientos de jóvenes a tomar el camino fácil para generar ingresos…
“Muchos chicos necesitan oportunidades. Hay jóvenes inteligentes que simplemente no encuentran apoyo”, comenta un docente de secundaria. En la actualidad Manta cuenta con tres bandas delincuenciales, Los Choneros, Los Lobos y Los Pepes son las organizaciones que predominan en la costa pesquera de Manta y el Ecuador



