Por Jeikol Murillo
En Manta, muchos comerciantes afirman que recurren al comercio informal no solo por necesidad, sino porque la falta de empleo formal y la exigencia no les permiten conseguir un trabajo estable. Varios vendedores en semáforos y puestos improvisados aseguran que esta actividad se ha convertido en su forma de sustento
Cada día se ven personas en semáforos vendiendo hasta fundas de basuras o limones en fundas, pidiéndole a las personas que transitan por esos lugares que les compren para poder ganar dinero y llevar a casa el pan de cada día para lograr mantener a su familia.
En las calles también se observan personas dedicándose a vender en pequeños puestos improvisados, personas bajo el sol dedicándose a vender aguas, jugos de coco o naranja.
En otras partes de la ciudad se visualizan puestos improvisados donde se comercializan legumbres o frutas. Todo esto para lograr comprarse sus cosas tanto materiales como de supervivencia.
En un país lleno de inseguridad, y desempleo, estas personas hacen lo que sea para subsistir, vendiendo lo que pueden y contentándose con las ventas que logran hacer día tras día.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) reportó que la tasa de empleo informal en Ecuador llegó al 56%, informando que es la cifra más alta registrada en los últimos años.
Voces que no se escuchan.
El comercio informal, se ha vuelto una realidad frecuente. Algunas personas señalan que, para ser contratado, las empresas o negocios formales piden experiencia de 5 años en adelante, a lo que personas que no la tiene no pueden ser contratados lo que conlleva a dedicarse al comercio informal.

También señalan, que se dedican a estas ventas simplemente porque les ha gustado generar ingresos desde muy pequeños para no caer en lo ilícito y llevan años haciéndolo.
“Tenemos 6 años aproximadamente trabajando aquí, me gusta esto desde pequeño”, relató José Meralda, vendedor de legumbres y frutas.
Además, comenta que antes vendía más que ahora, por lo bajo que está la economía, y que, a pesar de eso, llegan personas de diferentes lugares a comprar por los precios accesibles que tienen.
Por otro lado, indican que en un tiempo el Municipio los sacó del lugar, pero aun así quisieran ayuda de las autoridades en la pavimentación de la calle porque sus productos se les llenan de polvo y a los clientes no les gusta.
De un lado al otro
Así mismo, se encuentra un vendedor de agua de coco, comenta que antes de empezar en este emprendimiento, vendía limones en funda y la única dificultad que presenta es levantarse porque le toca hacerlo en la madrugada.
“Lo más difícil es levantarse en las madrugadas para llenar”, aseguró Fernando Mendoza. Indica que él no piensa dejar este oficio porque le gusta, pero desearía recibir algún apoyo de parte de las autoridades.
Él pasa la mayoría de días en el semáforo, más que todo en los momentos de sol y señala que es donde más suele vender ya que por el calor, las personas suelen comprar más.
Al otro lado, se encuentra una persona que vende en un semáforo por temporadas: naranjas, frutas y chirimoya. Comenta que comenzó a dedicarse a esto porque actualmente no hay forma de trabajar.
“Entramos a las 8h00 y salimos a las 18h00, lo más difícil es hacer que la gente compre, pero las ventas son suficientes”, exclamó Bryan Hernández.
La mayoría de vendedores informales, coinciden en que lo más difícil de este trabajo es levantarse en la madrugada para ordenar todo y llegar a armar su puesto en los lugares donde trabajan y que una ayuda por parte de las autoridades no estaría nada mal.
Personas que apoyan
Para muchas personas, el comercio informal representa una opción mas accesible para su economía, porque suelen vender las cosas más baratas a disposición de lo que cargan en sus bolsillos. Además, algunas personas les ven crecimiento y superación al tratar de salir adelante con lo que pueden.
Las personas suelen comprar frecuentemente para más que todo ayudar a tener algo de sustento.
“Les compro para ayudar porque con eso se ganan la vida y consiguen algo de comer”, declaró Diana Muentes, ciudadana que le suele comprar a estos vendedores.
Igualmente, señala que los precios que venden están bien y que con ese trabajo ellos pueden tener un crecimiento, y que es mejor vender eso que andar en malos pasos.
Así mismo, piensa que esto no afecta en nada a la ciudad y no genera algún problema, y sirve para ayudarse en su economía y mantener a su familia.
Por otro lado, demás clientes les encuentra muchas ventajas en esta venta, porque suelen dar bastante y productos buenos a diferencia de los mercados que a veces salen dañados.
Así mismo, indica que estas personas suelen ser buenas, y que tiene un futuro por delante, y los benefician por los precios.
Indica que algunas veces conversa con ellos, pero otras veces va rápido por el trabajo así que solo compran y se van.
“Si suelo conversar, pero a veces porque andamos rápido, solo compramos y nos vamos”, señaló Figueroa, cliente de vendedores de legumbres.
También cree que la vida diaria de ellos suele ser cansada porque tienen que madrugar para llegar a armar su puesto y lograr vender, y les gustaría que se pudiera armar un mercado pequeño para que demás clientes lleguen a vender o a comprar.
Comercio Formal
Restaurantes y mercados afirman que no es malo que estas personas que venden en puestos improvisados tengan su sustento porque es algo con que se ganan la vida.
Sin embargo, indican que existen personas que no lo hacen por salir adelante sino porque con eso que ganan lo usan para vicios y otras cosas.
“No es que no nos guste, tampoco es por la competencia, sino es por la forma que lo utilicen”, señaló Adolfo García, vendedor de legumbres en mercado.
Indican que ellos los apoyan, es más sienten que está bien la forma en la que se ganan la vida.
Además, señala que estas personas llegan a comprar al mercado para luego vender, así que no les genera problemas porque ellos también ganan vendiéndo sus cosas y que esperan que salgan adelante con sus ventas.




