Por Ambar Lagos
Playita Mía, icónica por su gastronomía y su hospitalidad, ha sido por años uno de los destinos favoritos para residentes y turistas. Sin embargo, hoy también es blanco de la contaminación, una crisis ambiental silenciosa pero devastadora: la descarga directa de aguas servidas al mar está generando un escenario sin retorno.
Grandes masas de microplásticos, sustancias orgánicas sintéticas, virus, bacterias, hongos, metales pesados, pesticidas, fertilizantes, fármacos y, en algunos casos, incluso sustancias radiactivas inundan los cauces de los ríos. La cadena de contaminación apenas inicia ahí, el viaje sin regreso de todos estos elementos continúa en las aguas del mar.
Contaminación fuera de control

La industria atunera juega un papel protagónico en esta invisibilizada realidad. El ineficiente control de desechos de las fábricas, la falta de tecnología y también la ausencia de conciencia ambiental, contribuyen a recrudecer el problema.
En el 2017, por un monto cercano a los dos millones ochocientos mil dólares, el Municipio de Manta adquirió dos bombas sumergibles con sus respectivos tableros eléctricos, con ello se pretendía disminuir los focos de contaminación y mitigar los malos olores que parecerían ser la carta de presentación de la urbe, especialmente en los balnearios de las parroquias Tarqui y Los Esteros. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados.
La estación de bombeo de Miraflores, pese a su enorme importancia, fue descuidada en el pasado, no tuvo el mantenimiento necesario para un funcionamiento óptimo.
En la estación funcionan cuatro bombas, de las cuales tres ya tienen más de 17 años de servicio. A la fecha y dado los antecedentes de modificaciones y arreglos en sus impulsores, su capacidad de bombeo ha disminuido de forma considerable. Los tableros eléctricos, también están deteriorados, esto ocasiona interrupciones constantes del sistema.
Impacto social y económico
La contaminación de Playita Mía también ha afectado negativamente la economía local. La pesca artesanal y la venta que por generaciones ha sustentado a miles de familias
mantenses. La actividad se ha reducido debido a la disminución de especies comerciales. Pescadores reportan faenas más complejas y pesca de menor calidad, algunas incluso contaminadas y no aptas para el consumo humano.
Otro punto clave es el turismo, principal fuente de ingresos de buena parte de la población del puerto atunero. Varios hoteles y restaurantes cercanos al balneario reportan frecuentemente cancelaciones debido a las malas condiciones del agua y a las advertencias sanitarias emitidas por organismos de salud.
“Nosotros vivimos del turismo. Si la playa se contamina, la gente simplemente deja de venir”, lamenta Mariana Torres, propietaria de un hostal. “Ya hemos perdido la temporada alta dos años seguidos, y muchos negocios han tenido que cerrar.”
Durante los últimos 25 años, dos alcaldías delinearon proyectos para resolver el problema. Sin embargo, ninguno de las administraciones tuvo éxito. Ya para el 21 de agosto del 2021, El Diario La Marea, hizo eco que el alcalde del aquel entonces, Agustín Intriago, se encontraba gestionando un crédito de USD. 120 millones para la instalación de una planta de tratamiento de aguas residuales y un emisario submarino.
La descarga de las aguas residuales de la industria y de los 250.000 habitantes de Manta para finales de la década podría llegar a los 400.000 con la conurbación Manta, Montecristi y Jaramijó.

“Me preocupa mucho lo que está pasando con las playas. En el sector donde vivo, cerca de Playita Mia, hemos notado que hay más descargas de aguas servidas, sobre todo por las fábricas que se encuentran a los alrededores. El olor es insoportable y hay manchas en el agua. Antes podíamos venir con los niños, ahora ya no es seguro para la salud de mis hijos. Los moradores del barrio Los Esteros nos encontramos preocupados y nadie da respuestas claras. Lo que pedimos es simple: que las autoridades tomen cartas en el asunto, porque esto ya no es solo un tema ambiental, es un problema de salud pública. Queremos playas limpias, como las que Manta se merece.” Puntualizo Merly Toala Santana, moradora del sector Los Esteros de Manta
“Antes vendíamos bien, la gente venía a hacer sus compras de mariscos como de costumbre, llevaban para sus casas, pero desde que esas aguas negras comenzaron a salir cerca de la orilla, disminuyó una gran parte las ventas. Los clientes dejaron de venir por miedo a enfermarse. Nosotros vivimos del mar”, Edgar Zambrano, comerciante de mariscos en el mercado de Playita mía.





