Por, Luis Moreira
Bajo el manto de la madrugada, cuando la oscuridad aun abraza al campo, y las estrellas titilan como joyas secretas en el firmamento, un joven emprende su diaria “hazaña” cada día, como un ritual sagrado, el reloj lo despierta al mundo marcando las cinco de la mañana y su alarma canta un himno de posibilidades y promesas en el aire.
Como un guerrero que se prepara para la batalla, este joven se despierta con un suspiro en sus labios y un brillo en los ojos que delata la chispa de sus sueños y aspiraciones. Ese es el momento en que el tiempo y el destino se entrelazan en un abrazo silencioso, mientras el reloj con sus manecillas ansiosas y el joven, con su alma llena de anhelo se unen en un baile cósmico.
Este soñador se levanta con la determinación de un atleta en la línea de partida, su piel aún acaricia el calor de las sábanas, pero la responsabilidad lo llama. Con la precisión de un orfebre, se asemeja a un maestro esculpiendo su propia vida, modelando su destino minuto a minuto. Cada paso en su rutina matutina es como un ladrillo en la construcción de su futuro.
En la pared de su cuarto junto a la puerta está el espejo colgado, es fiel testigo de su transformación, refleja su rostro y sus sueños, pasar por aquí es inevitable día a día esto mientras el desayuno con su aroma tentador y el humeante café es el manjar que lo nutre antes de salir de su casa, en cada bocado encuentra la energía para enfrentar el nuevo día y la dulce satisfacción de avanzar hacia sus metas.

A las sombras del alba, cuando el cielo apenas insinúa la luz de un nuevo día, Geovanni se prepara para la jornada que lo espera, con el reloj marcando cuarto para las 6 de la mañana, el tiempo le otorga una cálida despedida de su hogar, la bendición silenciosa de su madre se convierte en un faro de esperanza que lo guiará a través de las horas de trabajo.
Se arma de valor y determinación para partir desde su hogar hacia los Bajos del Pechiche, junto a su fiel compañera su mochila que transforma sus asas en las riendas de un caballo que lo llevará a la batalla laboral, crujir de la puerta al cerrarse, el ronroneo de la moto cobra vida, el motor de su vehículo, como un corazón que late al ritmo de sus sueños y se convierte en su compañero de ruta diaria.
El trayecto hacia Los Bajos del Pechiche es como un viaje a través de un lienzo cambiante vegetación verde y frondosa, espacios transformados en un oasis desértico de ceibos secos. El camino se despliega adornado por ladrilleras que parecen guardianes de la tradición y la artesanía. La monotonía de recorrer la misma ruta todo los días convierten a este joven navegante en un mar de asfalto y horizontes infinitos, en los que avanza con determinación.
Tras quince minutos de travesías llega a su punto de trabajo, y allí, entre ladrilleras, encuentra el espacio en el mundo laboral, las chimeneas, como gigantes que exhalan sus secretos hacia el cielo, le dan la bienvenida, el joven se convierte en parte de este paisaje, una pieza vital en el engranaje de la jornada que inicia.
Su historia de superación inspira a quienes lo rodean, Rosario Anchundia dueño de la ladrillera, lo destacó como un ejemplo de perseverancia. Geovanny no solo se sustenta a sí mismo, sino que también apoya a su familia y financia sus estudios.
Como un pilar en su familia, este joven forja su futuro sólido con cada ladrillo y cada paso que da, su historia es un testimonio viviente de que el esfuerzo y la determinación pueden abrir puertas hacia un mañana brillante. “Este Muchacho es de trabajo”, añadió Anchundia.
Diez años de experiencia fabricando ladrillo de los cuales los últimos siete han sido en la ladrillera de don Rosario Anchundia. A lo largo de esta década, como un artesano que perfecciona su obra, Geovanny ha alcanzado la proeza de producir entre 600 y 650 ladrillos diarios.
Cada uno de estos ladrillos es como una pieza única en su colección de logros, una metáfora de su habilidad y dedicación. Cada día, su comparación con su yo del pasado es un recordatorio de su constante evolución.
– ¿Cuánto ganas por cada ladrillo? – preguntó Jean Carlos
– Aquí nos pagan por millar- respondió Geovanny
– ¿A cómo les pagan el millar? – replicó Andrés mientras veía como sus manos le daban forma al lodo para hacer el ladrillo.
– Ganamos treinta y cinco dólares el millar- detalló el trabajador
– Si produces 600 a 650 ladrillos diarios, ¿Cuánto ganas al mes?
– Yo saco entre 100 a 105 dólares- reveló con su cara llena de sudor
| Ilustración 2 Momentos en que majan la tierra con el aserrín para dar forma a los ladrillos. |
Tras este tiempo de trabajo y dedicación incansable a la labor de moldear ladrillos, sus manos se han transformado testimonio de su arduo esfuerzo. Cada día, como un escultor paciente, han amasado lodo con aserrín, moldeando la materia prima en su camino hacia la firmeza.
Sus manos, ahora toscas y rugosas como el papel de lija gastado por el tiempo, los callos como pequeñas islas de resistencias, han surgido en sus palmas, marcando la línea donde el trabajo y la voluntad se han entrelazado. Las uñas, antes delicadas como pétalos, se han convertido en láminas irregulares, testigo de incontables días de esfuerzos.
Geovanny Quijije forja su futuro en cada ladrillo, su vida ha sido una obra de construcción con esfuerzos y dedicación como sus cimientos. Trabajando por las mañanas, estudiando por las tardes y sumido en deberes por las noches, ha labrado su camino hacia la profesionalización en mercadotecnia en la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, y ha sido ejemplo para Alexander Anchundia quien ha seguido sus pasos y estudia Contabilidad en la Uleam.
La culminación de su carrera profesional se encuentra a la vista, solo falta la finalización de un artículo científico sobre un producto que lo ha inspirado y lo ha llevado a poder cumplir sus sueños “el ladrillo”. Su título universitario será la torre que se alza sobre la solidez de su sacrificio, una obra maestra en construcción.
Geovanny, es la personificación de la perseverancia, un alquimista contemporáneo que ha convertido cada obstáculo en una piedra angular en su camino hacia el éxito. Su horizonte esta lleno de promesas y él está a punto de ver la realización de sus metas como recompensa a la dedicación incansable.





