En la oscura telaraña política que envuelve al país, una nueva figura emergió como un rayo de luz en medio de la tormenta, con deseos de convertirse en concejal de la ciudad para mejores días de la ciudad puerto.
Un día ajetreado por las pasadas elecciones políticas a alcaldes y prefectos, la ilusión de Enrique creció como una semilla que está a punto de germinar, la televisión y la radio fueron las responsables para que este joven de la parroquia San Mateo de Manta, tomara la decisión de lanzarse como concejal de la ciudad.
“Quiero ser parte de un cambio generacional para la ciudad y mi parroquia”, vociferaba el joven en su interior, mientras sus ganas de trabajar por la ciudad crecían cada vez más.
El joven de San Mateo, reconocido por su verbo afilado y su capacidad para mover masas, se alzó como un león en la selva dentro de su parroquia, dispuesto a luchar contra vientos y mareas para proteger los intereses su pueblo y los de la ciudad en general.
Con su plumaje de ideas y su agudo sentido de la justicia, se convirtió en el martillo que rompía las cadenas del olvido para algunas problemáticas de su parroquia. Sus palabras eran flechas certeras, sus argumentos una tormenta que sacudía los cimientos podridos de la vieja política.
“Desde que era un niño lo conozco, y sabía que el deseo de estar en la política lo lleva en la sangre, en su escuela defendía a sus compañeros de las injusticias”, explicaba Marta Mendoza, vecina de Enrique que lo conocía desde que el joven nació.
Era un incansable guerrero de la verdad, siempre dispuesto a desenmascarar a aquellos que se escondían bajo una máscara de honor, pero que en realidad eran lobos disfrazados de ovejas.
Y así fue como, como un caballo desbocado, se lanzó al ruedo de la lucha contra la corrupción en tiempos de campaña, donde el sol y el cansancio no tenían nombre ninguno, el partido político no era muy conocido en la ciudad algo que le jugó en contra.
No importaba si debía enfrentarse a poderosos tiburones que se escondían en las profundidades del mar, él estaba dispuesto a nadar en aguas turbias si eso significaba traer a la luz las oscuras prácticas que tanto daño le causaban al país. Como un faro en medio de la oscuridad, guiaba al pueblo a través de los estrechos caminos de la denuncia y la verdad.
Era ya el mediodía de un lunes del mes de enero, las elecciones se aproximaban y el tiempo contrarreloj martillaba los pasos del joven que quería ser concejal.
“Creí y tenía las fuerzas necesarias para poder hacer un buen trabajo, pero Dios sabe porque hace las cosas y quizás aún no era el momento de estar en un cargo público“, explica Enrique, quien en la actualidad se forma y estudia sobre la política, ya que sus deseos de representar a su parroquia siguen más vivos que nunca.
Pero sus enemigos no descansaban, siempre acechando como serpientes venenosas en la maleza. Intentaron silenciar su candidatura y lo que más le sorprendió, fue que algunos eran del mismo lugar de donde él venía, buscaron manchar su reputación, pero él se mantenía firme como un roble en medio de la tormenta. Sus palabras eran balas de plata que atravesaban los corazones de aquellos que intentaban detenerlo, su convicción un bastión inexpugnable ante los embates de la mentira.
Y fue así como la tormenta se convirtió en un huracán imparable. El joven que quería ser concejal era ahora una fuerza de la naturaleza, arrasando con la corrupción y dejando tras de sí un camino de esperanza y cambio. Como el sol que se asoma tras las nubes en un día gris, el país comenzaba a despertar de su letargo, a deshacerse de las cadenas que le habían mantenido atado durante tanto tiempo.
Sin embargo, como todo héroe en su epopeya, no todo fue victoria para el joven, los resultados le dieron un quinto lugar, pero con saber a victoria por todo el camino que ya venía realizando.
Las fuerzas oscuras eran poderosas y no iban a ceder tan fácilmente. Fue traicionado por aquellos a los que consideraba aliados, como una rosa que es pisoteada por los pies de aquel que le prometió protección. Pero él no se rindió, no claudicó, sino que se levantó aún más fuerte, como un fénix resurgiendo de sus propias cenizas.
Y así, entre luces y sombras, la historia del joven continúa. Como una puesta de sol que tiñe de colores el horizonte, su lucha ha dejado una marca imborrable en la parroquia San Mateo. Porque, en el fondo, él no es solo un aspirante a la política pública, sino una metáfora viva de la esperanza y el cambio, una inspiración para aquellos que han sido sometidos durante tanto tiempo por las garras de la corrupción.
En un país en el que las palabras son armas y la verdad es oro, él se ha convertido en el arquero que lanza sus flechas con precisión, que aún continúa preparándose para el éxito, en el navegante que navega contra la corriente, en el guerrero que se enfrenta a gigantes de acero con una simple espada. Y aunque la batalla pueda no estar ganada del todo, su estandarte de justicia ondea en lo más alto, como un faro que ilumina la senda del cambio y la esperanza.





