La historia de un joven trabajador puede llegar a tener varios tintes emocionales, pero en este caso en particular enmarca una situación que viven miles de adolescentes quienes mezclan el estudio con el trabajo, para poder construir un mejor futuro para ellos y sus familiares.
Allí entre tanto joven se encuentra Sixto, cuya mirada se mantiene fija al cielo como si esperara un nuevo horizonte, sus manos tienen callos signo de labor sacrificada que realiza, parado en este árido terreno con las manos en la cintura con una mirada ida en la inmensidad de los cerros repite una y otra vez que quiere un futuro mejor, quiere cambiar los medios de comunicación de su comuna, expandirse, y en el querer están sus ilusiones puestas.
Por otro lado, como un alma sin descanso Duglas experto empíricamente en esta profesión es el dueño de esta ladrillera, quien hace más de 15 años como Sixto, ubicó sus sueños en este escenario de sueños y sacrificios, «Ver a Sixto estudiar comunicación y trabajar aquí, me remonta a los tiempos donde yo estuve como él, sin embargo Sixto es un alma buena, más que todo porque no quiere dejar de estudiar y alcanzar sus metas», asegura Duglas Anchundia, quien mientras habla, mira al extenso terreno donde se construyen los cientos de ladrillos.
Alexander de apenas 20 años con una cara de inocencia y con un tono juvenil reforzaba las palabras que decía su amigo Sixto, las ganas de salir adelante, el estudia auditoria en las mañanas y en las tardes cambia sus zapatos limpios y ropa casual por harapos sucios y zapatos Venus ya cansados de tanto trabajo, cual super héroe se puede decir que lleva dos vidas, él es feliz soñando con un futuro fuera del país, con alevosía expreso, que el tiene miras de explorar tierras lejanas y no quedarse en su comuna y soñando mucho más allá de eso salir del continente.
-Cada día luego de estudiar los ladrillos me esperan, vocifera Sixto, mientras seca el sudor de si frente, preparando a punta de azadón la mezcla para poder realizar estos ladrillos.
– ¡Sixto ponte pilas¡Prepara más mezcla que se nos acaba, gritan sus compañeros de trabajo que irónicamente, no son simple compañeros, es su progenitor dándole ánimos.
A las 5 de la tarde la jornada de trabajo termina, con su camisa llena de polvo, pantalones un poco avejentados con huecos y sus zapatos de lona blanca hecho trizas, pero sus ganas de salir adelante intactas, se dirige en su bicicleta pedaleando hasta su casa, tiene su mente puesta en las tareas académicas que con tanta dedicación amor y ganas realiza, como en los cuentos de hadas que tienen un final feliz, para este joven lamentablemente no es así.
-Hijo, quieres comer tu merienda, le pregunta la madre con un tono de preocupación al ver a su hijo cansado del arduo deber que realiza.
-Si mami, me baño y como – respondió Sixto que en medio del cansancio sabe que tiene que hacer sus obligaciones para alcanzar ese sueño.
Recostado sobre el sillón gastado que impera en el medio de su humilde casa, revisa cada uno de los mensajes que llegan a su teléfono, todos por no decir en su mayoría son de clases, en ese momento le embarga un espíritu de miedo, que lo paraliza y lo incita a dejar abandonado todo estudio y trabajo, pero las ganas de superación son más fuertes y esa hambre de victoria crece cada día más.
Agarra impulso, se levanta de su viejo sillón y se dirige a la mesa de madera color café, en la cual reposan todos sus cuadernos con ciertos esferos para poder escribir, una vez que los abre no tiene marcha atrás para detenerse, con tinta sangre del corazón como dice la popular canción de Julio Jaramillo, Sixto emprende otra labor, esta con un panorama distinto, ya que no espera un dinero inmediato a cambio, sino la oportunidad de convertirse en alguien de renombre en la vida.
Al día Sixto hace alrededor de 60 ladrillos y a la semana si pone todo su empeño llega a unos 600, y es que los ladrillos se fabrican a partir de una mezcla de arcilla o barro y otros materiales como arena, cal, cemento, entre otros. El proceso de fabricación de ladrillos no es fácil, ya que se comienza con la extracción de la materia prima, que luego pasa por un proceso de limpieza para eliminar impurezas.
La arcilla o barro se mezcla con agua para obtener una pasta moldeable, las manos de Sixto tienen arte y no precisamente para ser artista, sino obrero que hace maravillas. Luego esta pasta se vierte en moldes rectangular con forma de ladrillo y se compacta mediante presión o vibración para eliminar el exceso de aire y formar una masa homogénea. Luego, se deja secar al aire libre para que el ladrillo adquiera firmeza.
Una vez que los ladrillos están completamente secos o cocidos, se clasifican y se empaquetan para su distribución y venta. Dependiendo de la calidad del ladrillo y su uso previsto, pueden tener diferentes dimensiones, colores y características.
Pero todo trabajo tiene su recompensa y aunque todo se oponga para el lado negativo, treinta dólares a la semana, es el poco valor que gana Sixto, que depende mucho de la demanda de trabajo.
Cuando recibe su sueldo se convierte en un alma volátil que no tiene un rumbo para un lugar negativo, sino que pese a la oscuridad ilumina con magia a sus hermanos, siendo el mayor de cinco hijos retumba en las estructuras de cada uno de ellos, enseñándoles que con trabajo y disciplina si se logra el camino para llegar a los sueños que en casos son o parecen inalcanzables.





