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Oficina improvisada

Yandry Anchundia por Yandry Anchundia
27 octubre, 2023
in Sin categoría
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Carro de frutas y legumbres en la vía circunvalación, Manta

Carro de frutas y legumbres en la vía circunvalación, Manta

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Por: Priscila Andrade

La vía turística se mancha de colores cuando se acerca el medio día, en el semáforo se apilan los autos con sus escandalosas bocinas en busca de un arranque. El sol se esconde y parece caer una siembra de lluvia tratando de pescar a un voluntario para conquistarlo como un rehén.

Uno de ellos es Luis Rada, conocido por la popular vía como el “Chamo”, en decoro a su acento. Este rendido servidor resiste largas horas en la esquina del semáforo y en un costado el sacrificio que a diario prevalece.

El viento arrasa vergonzosamente, una prenda gris abriga la rueda de Luis, pero el reflejo a lo alto lo sigue saludando como lo hace el ciudadano. Luis lleva en su mano la compañía de su día, la alza sobre su frente para acariciarla mientras agarra una pitahaya para llevarla junto al viento que viene de su lejanía.

La luz del semáforo cambia a rojo y a sus espaldas alguien le pitaba mientras lo miraba abismalmente. Un persistente cliente elevaba sus manos como pidiendo ayuda, manejaba una moto gris y sus gestos reflejaban apuro. Luis acomodó su canguro y se arriesgó a voltear, “deme un dólar de mandarina amigo”, vociferó el cliente, mientras no perdía de vista los tonos del semáforo y buscaba el dinero para pagar, lo encontró y arrancó como hacen los motociclistas.

¿A dónde iba con tanta prisa?, probablemente era el lunch para sus hijos, preguntó Lucho, mientras acomodaba las mandarinas que se cayeron fuera de la cesta con una mueca de agotamiento.

Caen las 14h00 y llega su compañero de aventuras, reconocido como el “Guayaco”, se acerca directamente a las fundas de limones, agarra dos de ellas y empieza  a bailar mientras estiraba sus largos brazos hacia la calzada.

El día de estos cálidos hombres estan llenos de algarabías, porque “no todo es lo que parece”, confiesa Lucho plegando las cejas, “anoche saqué cuentas y no me alcanza para pagar el alquiler,” añadió, mientras observaba a su amigo tomar agua.

Su compañero es el punto de encuentro de algunos visitantes que rondan por la calurosa y a la vez peligrosa ruta, pero para algunos es la vía de la distracción.

Diego, el amigo de Luis, comenzó a cantar la conocida canción de Marc Anthony “Y hubo alguien”, con gran entusiasmo mientras llenaba fundas de tomates, pimientos y cebollas. Al instante dos señoras que posiblemente eran de la zona se acercan a comprar papaya y naranjas, saludando al Chamo con sus manos.

Una moto pasaba velozmente, pero el semáforo lo detuvo, Diego con educación le insistió al motociclista que sea cuidadoso para la próxima porque las clientas se ahuyentan por temor a ser arrastradas.

Un sonido de corneta hace brincar a las clientas, era un camión, “es normal ver y escuchar a los automotores por estas vías, no se asusten”, lamentó Luis. “Hacen mucho ruido y siempre andan apresurados”, sentenció el Guayaco, entregándole las fundas de compras a las señoras.

A su costado derecho, se encuentra doña “Meche” vendiendo agua de panela, su compañía es un banco con su hielera, el rostro de ella denota cansancio acumulado.

Su glamurosa vestimenta es una falda larga roja, blusa de rayas multicolor, suéter y una gorra que la cubre de los reflejos solares.

Mientras Mercedes espera con paciencia a sus clientes, Luis mira su reloj y se percata que son las 16h00, “vea eso Guayaco ya es tarde y no he almorzado”, musitó Lucho sonriendo a carcajadas.

Los resplandecientes van y vienen, la gente observa detalladamente las sandías acostadas en el suelo, la señora del agua de panela empieza a vender y goza de la bendición que cosquillean sus manos, porque ese es su pan de cada día, ¿y cómo no?, sí sus ojos brillan en cada venta.

Lucho no se espera más, con sus trabajadoras manos parte una sandía para alimentarse. ¿Quieres sandía guayaca?, bromeó con su amigo mientras Diego suelta una risa coqueta.

Ambos toman asientos para saborear la jugosa y refrescante sandía, Lucho se levanta, y como buen samaritano que es, se acerca donde Meche a obsequiarle un pedazo de la colorida fruta, ella le agradece con un abrazo, irradiando un gesto amistoso.

Dan las 17h30 y el tráfico aumenta sin cesar, Luis y Diego aguardan en su árbol pulido para calmar las ansias de culminar su día, de repente un trivial sonido que germina en la mochila de Luis cambia su rostro. Un trago refrescante aborda en Luchito alegría, era su mamá. El altavoz de su celular deja oír un, ¿a qué hora vuelve a casa hoy hijo?, él ignorando el ruido de la carretera simplificó su día con ese timbre.

La cálida llamada resurgió el ánimo de Luis, se aventuró a ofrecer sin parar, logró vender cinco fundas de mandarinas con el viento que soplaba por sus mejillas. Mientras doña Meche guardaba sus tesoros hechos en casa para retornar a su hogar, con la esperanza que el mañana será mejor que el ayer.

El Chamo y el Guayaco emprenden con cansancio el recoger sus frutas y verduras para regresar a casa, “es hora de culminar la jornada de hoy, nos fue bien al final del día”, admitió Diego mientras alzaba las sandías una por una con apuro.

Así, entre el viento y la llovizna pasaron las horas en aquella agencia espontánea, el tráfico dejó de ser una abundancia de autos y se volvió una gota de agua, como cuando las chispas del grifo se marchan.

Se hacen las 18h00, Luis hace la cuenta del día, le paga rápidamente la jornada a su amigo, y suben las cestas al carro de las mil anécdotas, entre conversas le avisa a Diego que mañana lo espera a las 07h00 en el lugar de siempre para recogerlo e ir a trabajar.

El diario vivir de los vendedores informales esta rebosada de sacrificios, pero una contemplación más humana da paso a conocer la experiencia y el motivo que entrelazan la mente y el alma, como es el caso de Luis, Diego y Mercedes, donde una aventura que se vuelve rutina mantiene viva la esperanza de volver a casa sin las manos vacías.

Un carro lleno de colores y un banco de ilusiones son la confianza de salir triunfadores en la vía Circunvalación, ruta Spondylus, barrio los Geranios en la ciudad de Manta.

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