Pertenece a: Mayely Lisbeth Cobo Lascano
El motor de vida de una pequeña comunidad es el comercio. Ese convenio entre la oferta y demanda que alimenta la mesa de cada persona en la familia, para llevar el sustento diario, que nace desde la salida del sol con cada mañana y muere al oscurecer el cielo. Siempre con su amigo fiel, el machete de trabajo duro acompaña los días de los comerciantes.
Como un árbol lleno de frutos en época de cosecha, se lucen los pequeños emprendimientos que se ven a horilla en las vías principales de Los Bajos del Pechiche. Mediante carpas, vitrinas, negocios construidos, locales históricos, que comienzan la mañana con una pequeña limpieza y pasan los días de su vida en sus labores.
Los Bajos del Pechiche, teje diferentes historias, que son narradas desde el ámbito comercial donde son abrazadas pero el cálido sol de la costa y el polvo que deja el tránsito vehicular.
Todos con el mismo objetivo, llevar el sustento diario a la mesa y dejar un legado a su amado pueblo que transcienda en sus hijos y tenga un crecimiento desarrollador.
Estos empiezan con saludos emocionantes como si fueran parientes, que se dedican a los diferentes negocios cercanos, como lo son ferreterías, legumbres, ebanistería, accesorios, repuesto tecnológicos, tiendas y otros emprendimientos que acompañan la vista del esplendoroso y acogedor lugar.
La vida de estos pequeños emprendimientos se cruzan cada amanecer, con la finalidad de prosperidad de su pueblo y crecimiento financiero de manera individual en cada trabajador.
Darwin Anchundia Chele habitante del sector, narra su historia del negocio de productos hechos a base de madera de laurel, un material que se elabora en casa de la mejor forma posible, para la duración de arte que es colocado en cada hogar.
Empieza limpiando el polvo que es ingresado por la puerta principal, debido a que el manto blanco cubre la superficie de mesa, muebles, sillas, camas, roperos y más productos que dispone a la venta. Un reloj dorado de su mano izquierda cuando el tiempo, las 10 de la mañana. Darwin Anchundia se sienta en la silla blanca en la puerta accesoria del negocio, empezando hablar que el cansancio está cobrando vida, recodando cuando era joven su padre le exigía limpiar y lo hacía de manera rápida. “De niño me gustaba ayudar a mi padre, pasando maderas, sellando el laurel, limpiando sillas y otras actividades que me entretenía y nunca para mí fue un trabajo, siempre ha sido la pasión de realizar ese tipo de productos”, cuenta con una mirada lejana, voz llorosa y un suspiro al cielo, dejando claro que su padre ya había muerto.
Este acogedor señor, muestra el orgullo de ser parte de un negocio que nació en Los Bajos del Pechiche, que ahora es expandido a Montecristi, Manta y sus alrededores acotando que, “la competencia ha hecho que decaiga un poco el negocio”, de forma honesta.
Fabián Aviña, un comerciante ubicado al frente del parque de la comunidad aseguró que, entre golpes y porrazo ha logrado obtener su propio negocio de recargas, tarjetas, pagos de canales de fútbol, transferencias y productos como fundas de celulares, cargadores de IOS, micas de todo tipo de pantallas, luces, chips y otras mercancías que adornan el local.
Todo empezó por la travesía de ser despedido a causa la situación que vivió el país entero. “Empecé gracias a la emergencia sanitaria del covid-19”, entre susurro por tener una pinza en la boca, ya que estaba arreglando un teléfono móvil de unos de sus pacientes como él le dice.
Estos clientes son de comunidad, Manta, Montecristi, Portoviejo por razón de ser conocido esos sitios, por empatía e inteligencia que dispone al momento de volver nuevo lo que toca.
“Desde el inicio el acogedor negocio fue un éxito, por ser nuevo aquí en Los Bajos, empecé dejando a domicilio a las familias que necesitaban accesorios, como no se podía salir de la casa por el virus que se presentaba en la calle, me arriesgaba por la necesidad”, acotó Anchundia de 37 años de edad.
Minutos después, una joven colegiala de cabello claro, piel blanca, se recostaba delicadamente en la vitrina para solicitar un cargador Samsung, audífonos y un chip movistar, Darwin detallaba, a las diez y media de la mañana horarios donde los clientes llegan por diferentes situaciones y son atendidos y con toda atención, obteniendo el pequeño establo lleno, Planet Cel. El negocio de accesorios y repuestos tecnológicos en menos de quince minutos pudo arreglar un cable USB, que se encontraba con cinta adhesiva despachar a la clienta de la mejor manera.
Uno de sus principios que lo caracterizan, es mantener abierto su negocio todo el día, con todos los servicios y productos para sus clientes, muchas veces le ha tocado ir corriendo a su casa almorzar con su familia y volver con alguna herramienta que sea para retirar o utilizar durante la tarde.
“Tuve que romper el chanchito, levantar el colchón y prestar un poquito de dinero para hacer realidad, lo que hoy en día me mantiene con empleo”narra Anchundia.
Recorriendo las diferentes calles, se encontró un puesto histórico. La ferretería de Patricio en medio de zonas comerciales que alumbran como alzan los hierros de unos de los comercios más antiguos de la localidad. Una faz reluciente y joven que sigue el camino de su padre y queda al mando como la mano derecha de la ferretería, narra que el propietario empezó desde la ventana de su casa hace 18 años atrás, con pequeños productos como clavos, tronillos, tubos, cementos y otros productos que llenaban el patio para ser vendidos como pequeña tienda.
Este negocio ha formado las bases de construcción de los colegas que disponen de un local, la mayoría de las casas de los habitantes, fueron cambiando con el el material que lo movía Don Patricio.
Ana Gabriela afirma que, “el negocio ya se ha ganado su derecho desde que vino del piso, es cierto que la competencia afecta, sin embargo, este no da su mano a torcer, su labor tiene una historia por legado”, palabras significativas mientras pasaba por la ventanilla una funda a su cliente, quien observaba que por más que hubiera personal, también realizaba la ocupación de despachar, cobrar y atender de la mejor manera.
Los pernos, calvos, tubos, cables y cementos que son parte de las estructuras de la historia de Los Bajos del Pechiche.
Detrás de una montaña verde que se levanta como protectora de todos los negocios y familia, hay un sueño colectivo, que luchan laboriosamente, como un ejército de hormigas, los habitantes de Los Bajos del Pechiche. Todos los negocios actúan por cuenta independiente, sin beneficios para el desarrollo del pueblo con la mano de la alcaldía montecristense.
La municipalidad no ha dictado ordenanza ni hace el mínimo esfuerzo por comercializar todos los puestos ambulantes y locales que trabajan por cuenta propia.
Una irresponsabilidad por parte de las autoridades, que dejan al olvido estos emprendedores y al descuido ciudadano, dañando la reputación Municipal.





