La apacible ciudad costera de Manta ha sido testigo de una historia conmovedora que arroja luz sobre una realidad oscura y peligrosa. María, una joven de 20 años, se vio inmersa en una encrucijada que la llevó a tomar una decisión dolorosa.
Su historia comenzó en un segundo semestre de la universidad, en el que su aspiración era convertirse en una excelente profesional, pero su vida dio un giro de 360 grados cuando se enfrentó a la decisión que cambiaría su perspectiva y nublaba su cabeza con pensamientos pesimistas y una ola de tristeza la abrazaría. «Estaba confundida, no sabía qué hacer, acababa de cumplir 20 años, sabía que mi familia no iba a estar de acuerdo”, compartió como el miedo a decepcionar a sus familiares la atormentaba.
María recuerda cómo su vida cambiaría para siempre y narra un discreto rayo de sol entró por la ventana de su compacto dormitorio, en una soleada tarde de verano en Manta. “Estaba experimentando un cansancio inusual e hice un esfuerzo por restarle importancia, sin embargo, empecé a preguntarme si podría estar embarazada”. A medida que pasó el tiempo, su ansiedad aumentó y finalmente tomó la decisión de hacerse una prueba por nerviosismo y preocupación. La realidad la golpeó como una ola incontrolable cuando aparecieron las dos líneas rosadas en el pequeño dispositivo, estaba embarazada.
Comprendió que se encontraba en una situación precaria y que su decisión tendría una influencia significativa en el curso de su vida. Buscó opciones encubiertas por miedo. De ser juzgada, a decepcionar a su familia, a un futuro incierto y limitaciones legales. Cada paso que daba en esa dirección era como si estuviera entrando en un misterioso laberinto donde estaría rodeada por el estigma y la ley.
Entre las estrechas paredes de su modesto apartamento, María sostenía en sus manos la pequeña prueba de embarazo que contenía la noticia que cambiará sus vidas. Con el latido de su alma atascado en la garganta y los ojos como ventanas empañadas, se volvió hacia su compañero de vida Lucas y le confiesa con voz temblorosa «Lucas, no sé cómo decírtelo, pero estoy embarazada». La tensión en el aire en ese momento era casi palpable, como si las palabras fueran chispas eléctricas que danzaban por la pequeña habitación y dejando una marca indeleble en la historia de su relación.
María nos reveló cómo navegó por aguas turbias en busca de una solución clandestina. La ilegalidad del aborto en Ecuador, la obligó a confiar en un amigo de su novio que trabajaba en una farmacia “aquella noche comencé con el procedimiento tomé varias pastillas y seguí todo el paso de una página de internet”, narra con desesperación su decisión arriesgada.
Lucas miró a María con compasión en sus ojos mientras sostenía su mano con ternura. «María, pasamos por esto juntos, nunca dudé en estar a tu lado en cada paso del camino. Ahora, más que nunca, estamos unidos y listos para enfrentar lo que venga», susurró con voz suave mientras apreciaba la valentía de su compañera.
Este procedimiento dejó cicatrices profundas en el alma de María. «Fue un dolor desgarrador, estaba matando una parte de mí «, describió mientras masajeaba su vientre y sus palabras resonaron con la lucha interna que experimentó durante el proceso.
A pesar de la clandestinidad, María encontró refugio en los brazos de su pareja de aquel entonces y se aferraron como dos almas perdidas en la densa niebla de un mar incierto. Sin embargo, el silencio que rodeaba su experiencia los convirtió en faros solitarios en medio de la oscuridad, y esa dependencia mutua se convirtió en un vínculo irrompible. Hoy en día, esa relación ha naufragado en las aguas turbulentas del pasado, a pesar de ello, la sombra del aborto aún se cierne sobre sus corazones como una tormenta interminable.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que entre el 20% y el 30% de las gestaciones terminan en abortos espontáneos, y un número significativo de muertes maternas en todo el mundo están relacionadas con abortos inducidos en condiciones de riesgo. En América Latina, el 14% de las muertes maternas están vinculadas a abortos realizados en condiciones inseguras. Ecuador, lamentablemente, ocupa un sombrío tercer lugar en la lista de causas de muerte materna relacionadas con el aborto, representando el 15,6% de todas las muertes maternas.
La historia de María se sumerge en un oscuro abismo cuando nos revela su intento de huir de la vida tras el procedimiento, arrastrada por la abrumadora culpa y el dolor emocional. Como si todas las secuelas físicas fueran bestias feroces que la acechaban, tuvieron que movilizar al hospital, donde narró sentirse rodeada por una audiencia de juicio implacable, arrojando más pesar sobre su carga. Finalmente, solo una intervención médica pudo desenmarañar el complejo nudo de complicaciones que amenazaban con sumirla aún más en las sombras.
«Después de 15 meses, el dolor no desaparece», confiesa María. A pesar de sentir que tomó la mejor decisión en ese momento, sigue preguntándose sobre qué hubiera pasado. El trauma persiste, y María se encuentra viviendo con un dolor que nunca imaginó.
Sabiendo que su historia era solamente una de muchas que siguen envueltas en un velo de misterio, María compartió valientemente su experiencia. En Ecuador se registraron 431.614 abortos entre 2004 y 2014, según datos de la Universidad de las Américas (UDLA). La mayoría de estos casos fueron categorizados como «causas desconocidas», lo que oculta el verdadero alcance del problema y la urgente necesidad de solucionarlo.
La falta de atención postaborto no sólo pone en riesgo los derechos de las mujeres a una atención médica integral, sino que también plantea la posibilidad de empeorar las situaciones de morbilidad y mortalidad materna. Ecuador reportó 12 muertes maternas asociadas a abortos en 2019; En 2020 se denunciaron 10 casos similares. Estas trágicas estadísticas resaltan los peligros que enfrentan las mujeres cuando deciden someterse a abortos ilegales y la falta de asistencia inmediata cuando buscan atención médica.
El viaje de María sirve como una llamada de atención sobre la necesidad de abordar este problema en una nación donde el aborto sigue siendo típicamente ilegal. Su experiencia sirve como un poderoso recordatorio del valor de ofrecer atención médica segura, además del apoyo emocional que necesitan estas mujeres después de estos procedimientos.





