Por Alanys Patiño
Estudiante de Cuarto Semestre de la Carrera de Comunicación de la Universidad Laica “Eloy Alfaro de Manabí”
Desde el 2013, Felicidad Delgado, conocida cariñosamente como “Felita”, es presidenta de la Asociación de Personas con Discapacidad “Las Brisas” del cantón Jaramijó, un faro en la oscuridad de una problemática olvidada, donde la necesidad de ayudar a personas con discapacidad la vuelve una guardiana, especialmente de veinte y tres adultos mayores desamparados, que alguna vez sintieron el calor familiar.
Aquella búsqueda de estas personas como tesoros olvidados, nacen a través de una sombra oculta de múltiples denuncias provenientes del Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIESS) de Manta, por lo que destaca Delgado con una mirada fija, la intervención y ayuda del GAD Municipal como un atajo durante la poca travesía del grupo.
Mientras sigue reposando en su asiento, vuela imaginariamente en distintas zonas del cantón, principalmente en donde se identifican esta comunidad como San Rafael, Santa Cruz, Los Ángeles y Aníbal San Andrés, que sobreviven bajo la penumbra que entrelaza el peso del abandono y la discapacidad.
Por ello, asevera Delgado jugando con el bolígrafo en sus dedos, que la Asociación tiene bajo cuidado estas reliquias humanas, ofreciendo programas, servicios y charlas motivadoras que los hagan volar en un vasto cielo lleno de oportunidades, y dejar de menospreciar su vida por la discapacidad y ausencia de su familia.
¿Cómo surgió la idea de crear esta Asociación?
Noté junto mis colegas, que en Jaramijó tiene varias personas con discapacidad no identificadas, especialmente los ancianos que son abandonados por sus familias, así que, con una solicitud al GAD Municipal y un largo proceso, logramos ingresarlos en una Asociación de personas con discapacidad para todas las edades.
A pesar de que tenemos responsabilidades, el plan es cubrir sus necesidades, y al mismo tiempo apoyarlos la sensibilización en los jaramijenses.
La organización tiene una visión y misión general para esta comunidad, ¿cuál es el objetivo de servir a los ancianos abandonados con discapacidad?
El objetivo es que sepan de sus derechos y responsabilidades dentro de la Ley, que les permitan realizar sus deberes como ciudadanos de forma plena y común.
La educación referente a estos grupos vulnerables en el cantón Jaramijó es escasa, ¿cuáles son las problemáticas que presentan los socios de la tercera edad frente a la sociedad?
Los problemas existen desde que son desamparados con una enfermedad que los carcome el resto de sus días, y no tener un tutor que los cuiden y apoyen, quedan solos hasta catalogarlos por locos inservible frente a la sociedad, ignorando sus circunstancias, ya que siento que son como niños huérfanos que lucha por vivir.
¿Qué tipo de apoyo o ayuda brinda la Asociación para mejorar la vida de estas personas?
Se brinda asistencia social, rehabilitaciones, terapias, actividades recreativas y apoyo emocional como una parte de nuestro servicio, pero tratamos de unir fuerzas con otras organizaciones. Estos nueve años, la Asociación ha creado un equipo, junto a los profesionales de la salud y organizaciones gubernamentales, una red de apoyo efectivo.
¿Este tipo de socios tienen acceso a los servicios de salud y atención médica?
Sí, recibimos ayuda del Municipio y las campañas del Consejo Nacional para la Igualdad de Discapacidades (CONADIS) y el MIESS porque son más cercano a la Asociación, pero la preocupación surge al no satisfacer sus necesidades como los momentos de emergencias, a pesar que en nuestro lado nos acompañe las organizaciones sin fines como el Club de Leones de San Pablo de Manta, aportan al mes cuatro veces como máximo en la salud de los ancianos.
¿Qué papel tiene el GAD Municipal y las políticas públicas en el apoyo a los ancianos abandonados con discapacidad?
El Municipio tiene a cargo un “Centro del Día”, que dan asistencia alimentación y médica a los abuelitos que asisten diariamente, y unos cuantos pertenecen a la Asociación y gozan de estos beneficios.
Otra situación importante es que actualmente El Consejo de Protección de derechos brinda el asesoramiento legal que protege sus derechos, el apoyo psicosocial que se para lidiar el abandono y los programas de capacitación que dan oportunidades de empleo adaptados a sus habilidades para que se vuelvan independientes.
¿Hay programas y servicios específicos que ofrece su Asociación o necesita algunos para ayudar a este grupo?
Como siempre digo, gracias a Dios organizaciones sin fines de lucros realizan campañas de servir al adulto mayor como oftalmología, donaciones de materiales médicos y ayudas técnicas, distribución de alimentos y donación de dinero.
Pero la desventaja es que duran poco tiempo, principalmente alimentos y medicamentos, por lo que los veinte y tres ancianitos abandonados necesitan de urgencia del cuidado de su verdadera familia.
Las alianzas estratégicas con otras entidades gubernamentales y particulares traen cambios en esta comunidad. ¿Cómo mantienen hasta hoy la relación con ellos?
Logramos una buena relación porque en estas entidades tengo conocidos, y los mismos ayudan como personas en el CONADIS, MIESS y el GAD Municipal, que apoyan de vez en cuando, pero no cubren todas las necesidades.
Considerando el enfoque personalizado, ¿cómo determina su Asociación las necesidades específicas de cada individuo y adapta sus servicios en consecuencia?
Nosotros actuamos con muchas técnicas en diferentes grupos, ya sea niños o adultos mayores, personalizamos nuestro servicio, agregando herramientas como las entrevistas, evaluaciones y los testimonios para así conocer sus necesidades y buscar las formas del cómo solucionarlas.
Mirando hacia el futuro, ¿cómo planea expandir sus servicios para llegar a más ancianos abandonados con discapacidad?
Para llegar lejos necesitamos más voluntarios, una sede propia y presupuesto para los próximos servicios, pero apenas participan nueve voluntarios para veinte y tres adultos mayores con un grado de discapacidad de 50% hacia arriba.
Si queremos lograr esto, hay que seguir trabajando y buscando los ancianos abandonados para que el cantón sea consiente.





