Por, Jean Carlos Pinoargote
“La Rotonda” de Portoviejo, un regalo de la ciudad en la provincia de Manabí, se yergue como una joya en el corazón de las atracciones urbanas ecuatorianas. Sus áreas verdes resplandecen bajo la luz del sol, atrayendo a residentes y visitantes ansiosos por descubrir sus encantos.
Maria Vargas, propietaria de un restaurante que abraza la belleza del parque, destaca su magia, «este parque es especial para nosotros. Aquí, los visitantes pueden disfrutar de momentos auténticos, y es un deleite para los amantes de la buena comida».
Roberto palacios, cuyos días están entrelazados con las calles cercanas a “La Rotonda”, testifica cómo el turismo ha enriquecido la vida local, “este parque ha experimentado un renacimiento gracias a los visitantes. Su llegada ha traído prosperidad a la zona. La sonrisa en el rostro de nuestros visitantes refleja la alegría que aportan».
La esencia que genera como una joya atesorada en la urbe, radica en su capacidad para equilibrar la modernidad turística con la autenticidad urbana. Los visitantes son como exploradores urbanos que descubren el tesoro de la hospitalidad local mientras disfrutan de la riqueza del parque. “La Rotonda” de Portoviejo, una joya resplandeciente en el corazón de la ciudad ecuatoriana, promete no solo una visita, sino un preciado regalo donde lo natural se combina con la magia humana en un cofre de experiencias únicas.





