Por: Leonel Guerrero Párraga
En la vibrante parroquia Riochico, la comida criolla se erige como una sinfonía de sabores que danzan en armonía, deleitando a quienes tienen el privilegio de sumergirse en este festín culinario. Las cabañas de San Vicente, ubicadas en la comunidad del mismo nombre, es una zona de encuentro para reencontrarse con la gastronomía manabita.
El pollo y la carne, jugosa y sazonada con el arte de generaciones pasadas, despierta reminiscencias de antiguas historias contadas alrededor del fogón de leña. “Esto es una tradición de años, aquí somos un grupo de personas que cada quien tiene su local para vender su comida, con precios accesibles y la buena sazón ha hecho que nos visiten de toda parte de la provincia”, aseveró Solanda Sánchez, emprendedora, a lo que viraba el delicioso plátano en el horno de leña.
La gastronomía criolla es más que un simple acto de nutrición; es un ritual que une a las familias alrededor de la mesa, donde se comparten risas, historias y secretos guardados en cada receta transmitida de generación en generación.
Desde platos sencillos, hasta grandes platos criollos se pueden encontrar en las “Cabañas de San Vicente”; cuajada con plátano asado, caldo y seco de gallina criolla, arroz colorado, fritada y mucho más. Con alegría y respeto los colaboradores van a recibirle; con un aire fresco y debajo de árboles de mangos se encuentran las cabañas. A un costado el río que refresca más el ambiente.
“Me gusta venir a comer aquí porque su atención es única, una amabilidad que no tiene precio. Pero, hay algo más tienen una sazón que no se compara con nada, ese sabor a leña hace que la comida sea de otro nivel”, aseguró Belen Bravo, riochiquense, con una expresión de felicidad que irradiaba su rostro, mientras se alistaba para degustar su comida criolla.





