Por: Miguel Zambrano
En un tranquilo rincón de la parroquia Convento del cantón Chone, reside una dama de cabellos pateados cuyo nombre es susurrado con admiración en cada conversación en la comunidad. Juana Rodríguez, una indiscutible reina de la cocina rural, ha convertido su modesto hogar en un verdadero tesoro gastronómico, donde su joya más preciada es la tonga de gallina criolla.
Un horno a leña, antiguo y robusto es el guardián de las recetas transmitidas de generación en generación y el generador del sabor inigualable que caracteriza las tongas de doña Juana.
“Ya son más de diez años que llevo vendiendo tongas. A lo largo de todo este tiempo ha sido mi sustento económico y me ha permitido mantenerme”, reveló Rodríguez mientras preparaba una tonga para un cliente.
Si bien la tonga de gallina criolla puede sonar como un plato común, pero en las manos de doña Juana se convierte en una obra de arte culinaria que deleita paladares y despiertas emociones profundas, cada bocado es un viaje a través de los campos, donde el canto de los gallos al amanecer se mezcla con el aroma de la tierra fresca.
“No existe otra tonga como las que prepara doña Juana, su sazón es única e inolvidable. Siempre vengo a comer aquí, por la calidad y la comodidad del precio”, destacó Mauro Alcívar sentado en una en un banco de madera, mientras esperaba para servirse una tonga.





