Por Valeria Velásquez
En Manabí, la violencia de género continúa dejando cifras alarmantes. En 2025, la provincia registró alrededor de 2400 denuncias por violencia contra la mujer y decenas de casos de femicidio, convirtiéndose en una de las zonas más afectadas del país.
Esto evidencia que el maltrato no se limita únicamente a las agresiones físicas, sino que también se manifiesta mediante violencia psicológica y verbal, a través de insultos, amenazas, humillaciones y manipulación constante.
Geraldine Montenegro, mujer venezolana de 39 años, residente de la ciudad de Portoviejo, iniciaba cada día con la esperanza de que todo fuera distinto. Desde su ventana, miraba el amanecer e imaginaba una vida en calma, donde su forma de expresarse, vestirse e incluso vivir no fuera un problema. No trabajaba, vivía en una casa con sus dos hijos y su esposo. El rol de ella: ser ama de casa, y tiempo después, ese hogar que intentó construir con ladrillos de amor y esfuerzo, terminaron derrumbándola.
Ella aún tiene la mirada perdida cuando habla de lo que vivió, “creí que no había violencia porque no había golpes, supe que lo era cuando terminé mi matrimonio”, reflexionó Montenegro, mientras en su rostro se reflejaba culpa. Estuvo sometida a humillaciones constantes a lo largo de su relación, recalcó que la agresión no tocó la puerta de la noche a la mañana, inició con pequeños gestos y chistes disfrazados de rencor.
Por mucho tiempo creyó que todo lo que tenía para ofrecer no era suficiente, su personalidad fue cambiando de manera negativa hasta creer que era merecedora de malos tratos, enfatizó que una de las cosas que más le impactó en este proceso fue no poder contar con una red de apoyo que la contuviera, ya que sobrellevar la situación sola fue tan desgastante al punto de presentar cuadros de ansiedad y depresión.
La violencia en un hogar no solo se ve reflejada en moretones. Su pareja le limitó trabajar y generar sus propios ingresos, tener amistades e incluso utilizar ciertas prendas de su clóset. “Fueron muy pocos los momentos en los que sentí felicidad. Sentía mucha angustia, tristeza y decepción, pero logré salir de ahí”, detalló con un tono de voz esperanzador, y al querer definirse con una palabra sostiene “fui valiente”, como quien ha ganado la batalla más importante de su vida.
La ayuda psicológica en casos como este es fundamental, muchas mujeres que viven en Manabí, provincia de Ecuador, no son conscientes que están atravesando maltrato. “El abuso emocional va escalando, va subiendo de tono hasta que llega un punto en el que tu vida corre peligro en manos de tu agresor”, sostuvo Samael Castro, psicólogo.
Cuando Samael habla sobre la vulneración hacia el género femenino se toma su tiempo. Como profesional de la salud mental, asegura que existen diversas secuelas psicológicas: autoestima, conducta e incluso la espiritualidad se ve afectada. Además, asegura que salir de un círculo de abuso es mucho más difícil de lo que parece.
“Experimentan indefensión aprendida, no importa lo que pase, la mujer se encuentra en una niebla mental y no encuentra salida, no existe un método de defensa debido al estrés postraumático que vivieron, y la manera de ver el mundo cambia”, explicó Castro.
Y esto afecta mucho más que a una mujer, el silencio y la división que existe en un hogar cuando alguien sufre cualquier tipo de abuso puede afectar en un futuro. En hijos o familiares puede surgir una normalización del maltrato, a niveles de: el amor es así. Y se vive con culpa, traumas e incluso repetición de patrones de violencia al haber observado eso.
Juleidy Quijije, una joven de 21 años cuando recuerda su historia se le quiebra la voz. Mueve sus manos con nerviosismo y se puede percibir como su corazón se acelera. Ella sufrió maltrato físico y verbal en reiteradas ocasiones por parte de su expareja, una persona em la que puso toda su confianza, pero terminó traicionando su integridad.
Al principio la relación parecía ofrecerle compañía y seguridad, pero con el pasar de los meses, su novio parecía molestarse y reaccionaba con indiferencia cada vez que ella salía o tomaba decisiones importantes sola. Le repetía constantemente que sus amigas no le “convenían”, esto con el propósito de aislarla, y la manipulaba diciéndole que, si realmente lo quería, tenían que alejarse de todo lo que pudiera perjudicar su relación.
Juleidy accedió, dejó de asistir a compromisos, cambió su manera de comportarse y terminó alejándose de sus amigos y familiares. El control constante de su pareja afectó completamente su autoestima y su forma de relacionarse con los demás.
Luego llegaron los golpes, siendo tan joven, tuvo que aprender a maquillar cada uno de ellos. Tenía miedo a ser juzgada, “Sentía que la mayoría de mis decisiones tenía que aprobarlas mi novio. Yo creía que lo que el hacía por mí era amor. Pero terminó siendo una cárcel, donde me aislaron emocionalmente hasta ya no poder más”, lamentó Juleidy, luego de hablar sobre su historia.

Al igual que muchas, ella fue un caso más donde denunciar no pudo ser una opción por temor.
Frente a esta realidad, el abogado John Pierre Zambrano, reconoció que denunciar es una de las mejores herramientas que se tiene a la mano para frenar esta situación. “Cuando no te puedes ayudar a ti misma, debes permitir que otros te ayuden a ti”, insistió Zambrano.
Según el especialista, existen diversas leyes que amparan los derechos de las mujeres sin importar el tipo de violencia, entre ella está la Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, que fue creada para evitar, sancionar y eliminar el hostigamiento creado por los agresores.
Menciona que las líneas de apoyo disponibles en Ecuador son los siguientes números de contacto: 911 o 171, donde pueden solicitar ayuda profesional. Además de poder contar con la opción de hacer una denuncia en las instalaciones de la Fiscalía General del Estado, o el Concejo Cantonal de Protección de Derechos.
Manabí tuvo un total de 2543 denuncias hasta el 29 de noviembre del 2025. De ellas, 2400 corresponden a violencia psicológica, 2 a violencia sexual y 133 a la física. Hay 8 por femicidio (Fiscalía).
Casos como el de Geraldine y Juleidy muestran una realidad que continúa preocupando a los activistas de derechos humanos en la provincia. “Esperamos que cada mujer que ha decidido alzar su voz, encuentre justicia y no vuelva a sentirse sola frente a la violencia”, aseguró Oscar Vera, quien es abogado, pero ejerce el papel de defensor que protege la integridad de las mujeres.
Quedó evidenciado que la violencia no siempre deja moretones visibles, pero puede transformar la vida de una persona, como se ve a sí misma y al mundo que la rodea. En Manabí, detrás de muchas historias aún existen mujeres intentando recuperar la voz que alguna vez les hicieron silenciar.




