Por: Melany Montero
Como un ladrón que espera sigilosamente a su víctima, la drogadicción acecha a jóvenes desde las sombras que proyecta la sociedad. Las clínicas de rehabilitación son apedreadas con críticas que cuestionan su funcionalidad, estas se defienden alegando su contribución continua en la recuperación de miles de personas. Uno de estos centros es “Volver a vivir”, en la ciudad de Manta, donde según sus directivos, el 65% de los pacientes anuales se reintegra a la sociedad y un 80% no registra recaídas en el consumo de sustancias en un año de seguimiento después de cumplir el tratamiento.
Para comprender este mal que aqueja a la sociedad, es necesario atender el lamento afónico del alma de los consumidores, ver el problema desde el lado humano y conocer cómo comienza, cómo evoluciona y cuáles fueron los factores que llevaron a estas personas a consumir sustancias ilícitas.
El cálido abrazo de la vida es una sensación ilusoria que experimenta la gente cuando vuelve a nacer. Daniel Guiral lo vivió en carne y hueso cuando su familia lo ayudó a escapar de la mano descarnada de las drogas, desde entonces, la clínica de rehabilitación “Volver a vivir”, es su nuevo hogar. Él y su familia proceden del país vecino, Colombia, radican en Ecuador desde hace 4 años.
Su rostro se ruboriza y en sus mejillas asoman dos tímidos hoyuelos, la felicidad desborda por su piel porque hoy es día de visita, puede ver a su familia y compartir juntos. Después de una tarde de risas y anécdotas, la alegría que agita su alma lo llena de vida, recibir el amor de su sangre se siente como un hormigueo en pecho.
“Es muy duro admitir que tenemos un problema de adicción. Acá vine a conocer que esta es una enfermedad crónica y progresiva”, admitió el hombre, situando su mano en la barbilla, como evocando las palabras correctas. “Gracias al programa de Narcóticos Anónimos he logrado avanzar a nivel espiritual y físico, una recuperación muy motivadora, porque realmente quiero reintegrarme a la sociedad de mejor manera”, acotó, con una sonrisa en el rostro.
“Mi motivación más grande es ser una ayuda para mi familia, y no una carga. Los que más sufren por quienes consumimos son nuestra familia, verlos felices y sentirme feliz esa es mi motivación más grande”, sentenció el hombre con una mirada profunda y el optimismo en sus pupilas.
En Manta, es muy frecuente encontrar por la calle a personas deambulando bajo los efectos del alcohol o las drogas, lo que genera miedo y malestar en los ciudadanos que ajenos al acto, clavan como estacas las miradas en el decadente cuerpo del consumidor.
Según diario El Universo,15% de la población ecuatoriana entre 15 y 45 años, ha probado alguna droga en su vida
Junior Molina es un enfermero que labora en este centro de esperanza, lleva 4 años dedicados al tratamiento y desintoxicación de personas consumidoras, llegó aquí gracias a su profesión.
“En realidad soy una persona de carácter firme, pero eso no me quita sentir compasión y poner entrega en cada uno de nuestros rescates”, aseveró el enfermero.
El terapista Carlos Andrade es la personificación de la fuerza de voluntad, como ex consumidor conoce de primera mano el sufrimiento que acarrea ser un esclavo de lo sintético, labora en la clínica y ha ayudado a decenas de individuos con su problema de adicción.
“El cambio que yo viví es gracias a Dios, a mi familia y a la clínica que me abrió las puertas”, aseveró mientras erguía su postura en la silla plástica.
“Con base a mi experiencia con el pasado y el dolor, transmito mi cambio a ellos, creo que es una buena forma de contribuir con su recuperación”, concluyó el sabio hombre.
Las posibilidades de que un sujeto recaiga en el consumo de sustancias ilícitas son muy elevadas, este es el argumento de quienes critican el accionar de las clínicas de rehabilitación. El psicólogo Javier Cedeño, catedrático universitario con 13 años de experiencia y miembro de “Volver a vivir”, detalla los aspectos médicos con relación a la adicción.
“Una de las partes que más se atrofia con el consumo de múltiples sustancias nocivas es el lóbulo frontal, que nos permite tomar decisiones, por lo que la recuperación dependerá también de las lesiones que haya sufrido el individuo en su cerebro. Esto dificultará o facilitará que se reintegre a la sociedad”, expuso el especialista.
La clínica de rehabilitación “Volver a vivir” cumple con un proceso de seguimiento que revela una incidencia positiva en la reintegración de pacientes a la sociedad, afirmación que contrasta con la opinión de algunas personas carentes de empatía, que no guardan respeto por estas personas asoladas por la mano cadavérica de la adicción.
Ramón Cedeño dirige la clínica, su labor altruista con décadas de experiencia lo han convertido en un hombre sabio y empático. Aborda un poco sobre el rol de la clínica en la reintegración de los ex consumidores a la sociedad.
“Mediante una bitácora registran a los pacientes que llegan al centro, de esta manera se levanta la información necesaria para poder recibirlos mensualmente, y corroborar que sigan libres de este tipo de sustancias, según nuestras cifras el 80% de los que cumplen el tratamiento, no vuelven a consumir sustancias en el primer año de seguimiento”, profundizó, la cabeza principal de este centro de esperanza.
“Existen también muchas personas que no cumplen con su tratamiento completo, exactamente el 35% de los que ingresan, no lo cumplen. Salen de aquí y recaen, pero marca la diferencia ese 85% de quienes logran reintegrarse y no tocar las sustancias en el primer año de seguimiento”, resaltó el hombre con un tono de voz triste y con la mirada en picada.
El papel de las clínicas de rehabilitación es elemental en la reintegración de individuos con problemas de consumo, siempre y cuando estén reguladas por el estado y cumplan a cabalidad con los requisitos primordiales que aseguren un trato digno, un seguimiento oportuno y el correcto manejo de las adiciones sea cual sea la sustancia.




