Por: Katherin Zambrano 04/10/2023
Sábado nueve de la mañana. Unos minutos de ensayos no podían faltar, el estudio resonaba con notas incesantes acoplándose a la perfección melódica. Bajo el calor musical, los instrumentos comenzaron a funcionar. El equipo de trabajo coordinaba una preparación profesional y creativa, fusionando los talentos para crear magia pura en el escenario.
Las emociones salen a la luz, el encuentro de los integrantes había llegado, después de varios días sin verse, la música los unía en la misma hora y en el mismo lugar de siempre. Cada uno dejando sus labores personales en los diferentes lugares del mundo. Resplandeció una sonrisa desde la mirada tierna de Maribel Ramírez, cantante de la orquesta, sus ojos cansados reflejan el sacrificio de un viaje de diez horas que dio inicio desde tierras ajenas, cruzando una frontera para llegar a tiempo y cumplir sus obligaciones.
Mientras el ambiente se respira armonioso, Eduardo Gutiérrez, músico, baila con sus dedos sobre la trompeta acariciando el alma de la música, siendo una guía principal en una coreografía invisible que despierta el ritmo oculto en el metal. “Es mi instrumento favorito, me siento tan familiarizado, cuando toco el sentimiento sale a la luz”, reveló Gutiérrez.
Un grupo musical integrado por artistas talentosos y apasionados, se preparan para perfeccionar su armonía y lograr una sinfonía colectiva. Experimentando una convivencia con culturas diferentes, las conversaciones fluyen como si fuera una balada, lenta y con letra profunda.
El vaivén de las palabras cautiva el interés de todos, mientras la lengua contaba las distintas experiencias, de repente olvidaron el ensayo por minutos, una voz al micrófono solicitando orden suena fuerte, con aliento enojado alza su voz, “silencio, concéntrense”, gritó Juan Vera, dirigente de la orquesta.
El ensayo continuó, en el estudio se apreciaba caras serias y concentradas después del llamado de atención de su jefe. Habían entonado la mayoría de los temas, estaban agotados. Sus instrumentos fueron limpiados y desinfectados antes de ser guardados. Con una sonrisa sarcástica Juan se pronuncia, “no estén con caras desaliñadas, una halada de oreja les hacía falta a todos”, rezongó Vera.
En una furgoneta los sueños de todos subieron, quince artistas listos para empezar un largo recorrido, se enrumba en un vehículo, Colombia, Cuba, Venezuela, Perú y Ecuador, abrazándose unos a otros con el apoyo moral de positivismo para afrontar cualquier desafío. Una voz fina se escucha, “este es mi puesto”, afirma Lisbeth Arias, bailarina de la agrupación. Todos se acomodaron en los asientos de su preferencia, dejando ordenado los instrumentos en una esquina segura que no afecte la fragilidad de los tesoros.
Quince integrantes emprenden un viaje, todos los sueños sobre cuatro ruedas. El cansancio de quienes habían empezado su viaje desde la madrugada se reflejaba en los ojos cerrados y sueño profundo y placentero que disfrutaban. 13h30 el viaje continuaba, con una música suave de fondo, siendo de cuna para algunos y siendo inspiración para el murmuro de otros.
El paisaje alumbraba un sitio peculiar que ofrecía alimento, siendo medio día, el hambre se presentaba en los viajeros. Un comentario agradable surgió, “la comida es buena, lo recomiendo”, confirmó Lucas Cevallos, chofer encargado del viaje. Todos se alistaron para almorzar, mientras bajaban ordenadamente, Juan Vera entregaba lo que correspondía al valor de la comida del día.
Ingresaron con una vibra radiante como si lanzasen un puñado de confeti en el aire de la vida, saludando a quienes se encontraban en el restaurante, lograron decidirse por el lado de la ventana. Procedieron a unir las mesas, era un grupo enumerado. Después de unos minutos se acercaron y les dieron la bienvenida con un abrazo cálido a través de los sabores y aromas, creando un puente de confianza para lograr paz en el lugar.
Los platos llegaron a la mesa con una apariencia apetecible. Los comensales se convirtieron en críticos culinarios, comentando sobre cada sabor y textura con la misma pasión con la que discutían sus canciones. Los temas de conversación se destacaban por mencionar las diferentes culturas defendiendo sus raíces como oro gastronómico. La orquesta se despidió muy agradecida por la atención dejando propina a quienes tuvieron el tiempo y dedicación para atenderlos.
Mientras el mundo exterior pasaba rápidamente por la ventana, el sueño había llegado a todos después de una buena alimentación. El viaje iba en silencio, hasta que desde el ultimo asiento sobresalió un sonido peculiar, el ronquido del pianista había comenzado. Cada curva, cada colina, cada bache, contaba como superación en el pasar de las horas, cada kilometro más cerca de su destino.
El viaje de seis horas estaba finalizando, los artistas empezaron alistarse. Llegaron a su destino, Santo Domingo, más conocida como la tierrita Tsáchila. El tiempo era suficiente para acoplarse a la ciudad y tomar un descanso hasta la hora del evento. Los instrumentos musicales fueron movidos al escenario. Como personas responsables crearon un tiempo de prueba de sonido. Todos en el escenario haciendo un ensayo práctico dejando secuelas de lo que sería el espectáculo.
Después de un tiempo de relajación sumergiéndose en una fuente de agua cristalina, una piscina con un amplio espacio para dejar el estrés del viaje en el olvido. Con dos horas de anticipación los artistas comenzaron a ensalzar su belleza, alistándose y proyectar una buena imagen en el escenario. Hombres en un espacio, las mujeres en otro. Una varita mágica haría el cambio embelleciendo a todos para brillar en la noche.
El evento de la premiación de la reina de la Cámara de Comercio, realizada en el rancho “San Fernando”, invitó a los ciudadanos a disfrutar una velada elegante, el 29 de septiembre del 2023, a partir de las 20h00. Ofreciendo una cena, una organización impecable, y sobre todo un gran baile con la Orquesta “JM The Star Sonora Dinamita”, comprometidos a llenar el alma de los invitados con música de calidad.





